Información para oftalmólogos

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Clasificación de los Glaucomas

Los glaucomas se clasifican en primarios, secundarios o congénitos. A su vez pueden ser de ángulo abierto o de ángulo estrecho. Esta clasificación se logra por medio de la biomicroscopía y sobre todo por medio de la gonioscopía, que permite observar los signos patognomónicos de cada entidad o tipo.

Glaucoma primario de ángulo abierto: Se produce en general por la disminución del drenaje de humor acuoso a través de un trabeculado patológico. Esto genera un aumento de la presión intraocular por encima de los límites normales, que lleva al daño del nervio óptico y del campo visual. Es de carácter crónico, asintomático y lleva años para producir daño. Es la forma mas frecuente de glaucoma.

Glaucoma primario de ángulo cerrado: Este tipo de glaucomas se asocian normalmente a un aumento pronunciado de la presión intraocular. Como elemento común de estas patologías, el iris actúa como una barrera al pasaje del humor acuoso por el trabeculado. Hay dos mecanismos que pueden llevar a un glaucoma primario de ángulo cerrado: el mecanismo de bloqueo pupilar y el mecanismo de iris plateau (o iris en meseta). (Explicados anteriormente)

Glaucoma crónico de ángulo cerrado: Se trata de un glaucoma de ángulo estrecho con cierre orgánico, es decir, donde por medio de sinequias, el iris ha obturado la vía de salida impidiendo que el humor acuoso llegue al trabeculado y así al conducto de Schlemm.

Glaucoma por bloqueo ciliar: este glaucoma es muy infrecuente. Se produce en general en forma secundaria a cirugía intraocular y más raramente en forma espontánea. El cuerpo ciliar se pone en contacto con el cristalino, y el humor acuoso en vez de ir de la cámara posterior a la anterior, se dirige a la cavidad vitree, embebe el humor vítreo y produce un desplazamiento del diafragma iridocristalineano hacia delante.

Glaucomas secundarios: Son un grupo de glaucomas que se producen en forma secundaria a otras enfermedades. Ver descripciones en goniosopía.

Glaucomas congénitos: Estos glaucomas representan verdaderas urgencias en oftalmología. En general aparecen tras el nacimiento, dado que se deben a la presencia de restos mesodérmicos pretrabeculares que no se reabsorbieron en el 7mo mes de vida intrauterina como sucede normalmente. Este fenómeno genera que los recién nacidos presenten presiones intraoculares muy elevadas, que no responden al tratamiento medico, por lo cual deben ser intervenidos a la brevedad posible en forma quirúrgico. Los mismos se clasifican a su vez en puros o asociados a otras malformaciones. Los puros son el tipo I y el tipo II (descriptos en gonioscopía) que presentan hipertensión al momento del nacimiento. El tipo III (descripto también en gonioscopía) es un glaucoma congénito tardío, que también se gesta durante la vida intrauterina, pero se manifiesta frecuentemente entre la segunda y tercer década de vida. En general responden en un principio al tratamiento medico, pero luego terminan haciéndose refractarios y son de tratamiento quirúrgico. Los asociados a otras malformaciones corresponden entre otros al Síndrome de Sturge Weber, Sdme de Peters, Aniridia, y otros. Es importante que el medico pediatra y el oftalmólogo reconozcan los signos precoces de la enfermedad, ya que cuanto antes se instaure el tratamiento quirúrgico, mejor será el pronostico. Los signos son: aumento del largo axil (aspecto de ojos saltones), aumento del largo de las pestañas, dilatación de venulas en el parpado superior, epifora y fotofobia. De no tratarse adecuadamente y a tiempo, aparecen signos tardíos como el buftalmos, el edema y la descompensación corneal que son índices de mal pronóstico en todos los casos. El examen de estos niños a diferencia del adulto, debe realizarse bajo anestesia general, y se debe realizar en el mismo biomicroscopía del segmento anterior y posterior, medición de la presión intraocular, medición del largo axil, gonioscopía, y medición del diámetro corneal.